miércoles 6 de mayo de 2009

Istria (reportaje publicado en Jano.es)

Bañada por el Adriático, la península de Istria es uno de los secretos mejor guardados de Croacia. Sus villas costeras que parecen de cuento, unas playas sin masificar y un interior que sorprende por su verdor y la autenticidad de sus pueblos, nos ayudan a conocer una región que ha sido crisol de numerosas culturas que han ido dejando sus huellas por doquier.

No es de extrañar que Roma dijera por boca de Plinio: “en Istria los romanos patricios se sentían como dioses”. Después de que Roma dejara aquí su huella, llegaron bizantinos, eslavos, francos y, durante más de 500 años, permanecieron los venecianos, que hicieron de estas sus tierras y las ciudades a la imagen de la Serenísima, como lo demuestran los numerosos leones alados o campaniles como el de Rovinj, que parecen querer contar que siguen siendo hijas de la República de Venecia.

El viajero que llega desde Eslovenia y dirige sus pasos por toda la costa hacia el sur de Istria, y concretamente a su ciudad más importante, Pula, habrá de detenerse en Porec. Andando por la peatonal Vía Decumana, repleta de tiendas y heladerías para turistas, llegamos a la basílica bizantina de San Eufrasio, una de las joyas no sólo de Croacia sino de Europa gracias a sus espléndidos mosaicos que la han hecho ser considerada Patrimonio de la Humanidad.

La ciudad se encuentra al borde del mar y cuenta con unas playas y calas que deleitarán a cualquiera. El omnipresente mar con sus diferentes tonos de azul y esas playas que, aunque de guijarros, se encuentran en un estado casi virgen, con pinos que llegan hasta la orilla.

La ciudad de Rovinj
Después de un buen baño, nos dirigimos a Rovinj que es, sin duda, el emporio turístico más importante, junto a Dubrovnik, de Croacia. Y no es para menos. El conjunto monumental, con el sabor que emana de sus intrincadas callejuelas, hacen de esta población un lugar idóneo para pasear relajadamente.

La silueta de Rovinj, según se acerca uno a ella, es de postal. Si tienes la suerte de hacerlo durante una puesta de sol, mejor. El puerto primero y las casas abrazándose a ese mar de color turquesa, bajo la imponente sombra de la iglesia de Santa Eufemia, dejan atónito a cualquiera.

Al llegar nos dirigimos directamente al centro de la ciudad, y concretamente al Arco de Balbi, junto a la plaza del Mariscal Tito. Este arco, al igual que la Torre del Reloj, situada justo enfrente, luce el león alado, el emblema de Venecia. Esta imponente plaza, desde donde se accede al puerto de Santa Catalina, es el sitio perfecto para sentarse en alguno de sus cafés, heladerías o restaurantes y contemplar el incesante trasiego de los barcos de pescadores y turísticos que recorren los innumerables islotes cercanos a la ciudad, como los de Crveni o Katarina.

Después del refrigerio, nada mejor que visitar la Stari Grad o casco viejo, accediendo por el Arco de Balbi para subir por la calle Grisia, que nos llevará a Santa Eufemia, donde subiremos a su campanario para obtener una hermosa vista de toda la ciudad y el mar con sus islas. En Grisia se ubican la mayoría de tiendas y galerías de arte, pero más excitante es perderse por todo su laberinto de callejuelas y así saborear mejor el espectáculo que ofrece la ciudad. Efectivamente, esas estrechas calles, con carteles escritos en croata e italiano, están adoquinadas con piedras de mármol pulido que reflejan la vida de la ciudad. Si a esto le añadimos las ropas tendidas en las ventanas, las casas, algunas descoloridas y otras con un color intenso, las recoletas plazuelas, patios y los abundantes palacios hacen que parezca que hemos dado un salto a un tiempo pasado que, increíblemente, se ha preservado íntegro para nuestro disfrute.

La costa y el legado romano
Nuestro camino prosigue por la costa, y antes de llegar a Pula, nos detenemos en el pueblo de Fazana, donde cogemos un barco para visitar el Parque Nacional de las islas de Brijuni. Veinte minutos después nos encontramos en uno de los lugares míticos de la historia política europea. El lugar elegido por el mariscal Tito para residir durante largas temporadas y el sitio donde nació en 1956 el movimiento de los Países no Alineados. Tito recibió aquí a personalidades como Fidel Castro, Sofía Loren, Elizabeth Taylor, etc., y como recuerdo se pueden ver las fotos de sus invitados al igual que el coche con el que paseaba por esta idílica isla. El viajero hará bien en darse una vuelta en el trenecillo que recorre sus lugares más bonitos y, si tiene tiempo, será todo un espectáculo bañarse en alguna de sus calas, como la de Verige, junto a los restos de una villa romana del siglo I.

Y hablando de Roma, qué mejor que dirigirnos a Pula, la ciudad más importante de Istria y también enclavada sobre siete colinas. Lo primero con lo que el viajero se topa es con su espléndido anfiteatro, construido durante los mandatos de Claudio y Vespasiano a pocos metros del mar y muy bien conservado. Pero el legado de Roma no se acaba aquí. La plaza principal de la ciudad es precisamente la plaza del Foro, donde se conserva el templo de Augusto, otra de sus joyas, y a su lado el refinado edificio gótico del ayuntamiento. Por aquí pasearon, entre otros, Dante o James Joyce. Prosiguiendo nuestro camino por la calle peatonal más concurrida y comercial de la ciudad, Sergijevaca, llegamos al Arco de los Sergios, o también llamada la Puerta Dorada, de un solo arco muy bien decorado.

La belleza del interior
Después de tanta historia amenizada por el mar que la acoge, el viajero necesita viajar al interior de Istria para percatarse que existe otro territorio que compite en belleza a las poblaciones marítimas. Numerosas y típicas pequeñas villas medievales, levantándose como pequeñas coronas blancas y rojas sobre las colinas verdes, cubiertas de viñedos y olivos.

Pazin, Roc, Hum, nombres sonoros para pueblos encantadores, como también los son Motovun, construida sobre una colina rocosa, que ha conservado sus murallas y torres y una puerta fortificada desde la que se divisa un precioso panorama, o Groznjan, donde será imprescindible perderse entre sus callejuelas, que casi siempre desembocan en pequeñas plazas, donde los artistas tienen sus talleres abiertos al público. Son estas, sin duda, villas fantásticas, como lo es también la iglesia de Santa María de Beram, de ricos frescos renacentistas, como el de la Danza de la Muerte, que deja helado a quien lo contempla.

Atardece y el viajero regresa a Rovinj. Antes de llegar al puerto, se detiene en el mercado aledaño para comprar alguna fruta de estas tierras mediterráneas. El sol está ya en su ocaso y su resplandor rojizo se tamiza con las casas que descienden hasta el mar. El espectáculo está servido.

El omnipresente mar con sus diferentes tonos de azul, esas playas con pinos que llegan hasta el mar y una especulación urbanística afortunadamente inexistente hacen que sea un buen acicate para atraer turistas de toda Europa

GUÍA PRÁCTICA

CÓMO IR:
Desde España no hay vuelos directos a Zagreb, la capital croata. Lufthansa sí vuela haciendo escala en alguna ciudad alemana. Iberia tiene vuelo directo a Dubrovnik, pero queda demasiado lejos de la península de Istria. Lo más recomendable es alquilar un coche en el aeropuerto de Zagreb. Sixt y Hertz tienen buenos precios.

DÓNDE DORMIR:
INTERHOME es una cadena de alquiler de apartamentos, casas rurales, hoteles, chalets, palacios, castillos... con una muy buena relación calidad-precio. Para visitar Istria, ofrece un catálogo donde no será difícil elegir un alojamiento adecuado. Tel. en España: 902 302 306 y 93 409 05 22. www.interhome.es

QUÉ COMER:
Por su proximidad y por el dominio veneciano primero e italiano después, la influencia italiana en la gastronomía es enorme. No es de extrañar encontrarnos con numerosos restaurantes con comida a base de pizzas, pasta y risotto. El pescado y las parrilladas es otro de los puntos fuertes con precios para todos los bolsillos. Sin embargo, el plato estrella son las trufas –blancas y negras– del interior de la península, que se ofrecen en distintos platos.

GUÍAS:
Croacia, de la Ed. Michelín y de la serie Descubre. Con sus cuadros temáticos, mapas, itinerarios e informaciones prácticas son todo un referente entre las guías de viajes.

OTRAS DIRECCIONES:
Oficina Nacional de Turismo de Croacia. Claudio Coello, 22 B, 1º C. Tel. 91 781 55 14.
www.istria.com , www.visitacroacia.es y http://www.istraturist.com/



Reportaje de Elvira Alfaro y Carlos R. Zapata