En la Costa Brava te inunda el espíritu de Dalí. Si levantas el mar con los dedos de la mano, quedarán al descubierto las rocas, las algas, las estrellas de mar, e incluso los bañistas que disfrutan de las calas de la zona.
Al mirar la hora para saber si es el momento de comer, el reloj se reblandece y se estira mientras cae por tu muñeca. Incluso las innumerables curvas de las que surcan toda la Costa Brava parecen diseñadas por el Divino Dalí… y es que La Costa Brava tiene toda la magia del Surrealismo.
Olvídese del turismo agobiante que padece una gran parte de nuestro Mar mediterráneo, la Costa Brava es un oasis del turismo de colchoneta y nevera en la playa. Esto es otra cosa… un paraíso. Una creación surrelista y bella donde los pinos se mezclan con las olas y los pueblos se funden con las montañas.
Uno de los alicientes de la Costa Brava es la inmensa oferta cultural que ofrece a quein la visita. Sin duda el protagonista absoluto es el mundialmente famoso Salvador Dalí, que ocupa tres punots clave de esta zona de Gerona.
En una de las muchas entrevistas que le hicieron (y que podemos visionar en youtube.com) Dalí reconocía su enorme obsesión por ubicar un museo dedicado a su arte y su persona en Figueras, justo al lado de la Iglesia donde fue bautizado.
Cuando se llega a Figueras uno puede comprobar como la influencia daliniana se encuentra en cada tiendecita del pueblo (tazas con bigotes, camisetas con elefantes, cuadros de los relojes blandos, y un enorme etcétera de productos dalinianos).
Es impresionante ver las enormes flias de gentes de todo del mundo que esperan impacientes para entrar al Museo Dalí, ubicado en el antiguo teatro de Figueras, pintado de un rojo bermellón, con infinitos panes pegados en sus pareces y con unas esculturas con estética de autorretratos a lo largo del tejado.
El Museo Dalí, aunque pocos los sepan, es el segundo de los museos de España más visitado (después de El Prado, claro). Aunque las diferencias son abismales. El Museo Dalí, no es exactamente un museo. Sí, hay cuadros. Sí, hay esculturas. Pero hay un ingrediente que no se puede explicar con palabras y que convierte al Museo Dalí en una Mezcla de circo y parque de atracciones. Desde luego es uno de los pocos museos del mundo donde disfrutan por igual los mayores que los pequeños, los expertos dalinianos, que los visitantes sin conocimientos previos sobre el pintor. Un museo para todo el mundo.
No hay momento para el aburrimiento en el Museo Dalí. Cuadros tridimensionales, joyas surrealistas, esculturas fantasmagóricas, techos que dejan ver universos nocturnos y mágico, habitaciones amuebladas que forman caras femeninas, y un fantástico coche de la década de los 40 que le fue regalado a Dalí por una famosa personalidad de Estados Unidos.
El recorrido daliniano por la Costa Brava tiene un parada obligada en Púbol donde el Divino pintor regaló a su mujer un castillo medieval, que durante los años 70 fue la residencia de la esposa del pintor y a principio de los 80 la suya propia. Como dato curioso, Dalí, cuando le regaló a Gala este castillo, le prometió que no entraría en él, a no ser que contase con el permiso previo de su esposa. En este castillo no encontramos el desorden surrealista de Dalí, pero si que podemos admirar las pinturas y dibujos que Dalí regaló a Gala, además de las famosas esculturas de elefante que decoran el jardín, una colección de trajes de alta costura de Gala, el mobiliario y los numerosos objetos con los que ellos lo decoraron.
Y dejamos para el final, la joya de la corona, ni más ni menos, que la mismísima casa en la que vivió Salvador Dalí con su mujer. Esta casa se encuentra en Cadaqués, para ser más concretos en Port Lligat, en una pequeña cala repleta de pequeños barcos, entre los que se encuentra, por cierto, la barca en la que navegaban Dalí y Gala.
La casa, de un color blanco muy limpio, fue una antigua casa de pescadores que Dalí compró y fue construyendo a su medida a lo largo de los años.
Nada más entrar por la puerta principal nos recibe un enorme oso polar disecado que porta unos collares que Dalí le colocó y que servía como perchero para los invitados. La casa se divide en varios aposentos entre los que podemos destacar la habitación de matrimonio de Dalí y Gala en la cual a través de un sencillo juego de espejos recibía el primer rayo solar del día.
También nos encontramos con el taller en el que Dalí pintaba sus obras y en el que aún perduran las pinturas e incluso algunos cuadros inacabados.
Otro de los lugares emblemáticos de la Casa Dalí es el tejado/azotea adornado con los enormes huevos que tanto obsesionaban al pintor y por una creación escultórica de un tamaño tan grande que solo puede contemplarse desde el punto más alto de la casa. Es un gigante tumbado en el suelo, entre los olivos del jardín hecho con basura, neumáticos y restos de barcas destrozadas.
Un viaje de los más recomendables, un viaje mágico, surrealista y de un gran interés cultural que no dejará indiferente a nadie: La Costa Brava Surrealista, un viaje daliniano.
Al mirar la hora para saber si es el momento de comer, el reloj se reblandece y se estira mientras cae por tu muñeca. Incluso las innumerables curvas de las que surcan toda la Costa Brava parecen diseñadas por el Divino Dalí… y es que La Costa Brava tiene toda la magia del Surrealismo.
Olvídese del turismo agobiante que padece una gran parte de nuestro Mar mediterráneo, la Costa Brava es un oasis del turismo de colchoneta y nevera en la playa. Esto es otra cosa… un paraíso. Una creación surrelista y bella donde los pinos se mezclan con las olas y los pueblos se funden con las montañas.
Uno de los alicientes de la Costa Brava es la inmensa oferta cultural que ofrece a quein la visita. Sin duda el protagonista absoluto es el mundialmente famoso Salvador Dalí, que ocupa tres punots clave de esta zona de Gerona.
En una de las muchas entrevistas que le hicieron (y que podemos visionar en youtube.com) Dalí reconocía su enorme obsesión por ubicar un museo dedicado a su arte y su persona en Figueras, justo al lado de la Iglesia donde fue bautizado.
Cuando se llega a Figueras uno puede comprobar como la influencia daliniana se encuentra en cada tiendecita del pueblo (tazas con bigotes, camisetas con elefantes, cuadros de los relojes blandos, y un enorme etcétera de productos dalinianos).
Es impresionante ver las enormes flias de gentes de todo del mundo que esperan impacientes para entrar al Museo Dalí, ubicado en el antiguo teatro de Figueras, pintado de un rojo bermellón, con infinitos panes pegados en sus pareces y con unas esculturas con estética de autorretratos a lo largo del tejado.
El Museo Dalí, aunque pocos los sepan, es el segundo de los museos de España más visitado (después de El Prado, claro). Aunque las diferencias son abismales. El Museo Dalí, no es exactamente un museo. Sí, hay cuadros. Sí, hay esculturas. Pero hay un ingrediente que no se puede explicar con palabras y que convierte al Museo Dalí en una Mezcla de circo y parque de atracciones. Desde luego es uno de los pocos museos del mundo donde disfrutan por igual los mayores que los pequeños, los expertos dalinianos, que los visitantes sin conocimientos previos sobre el pintor. Un museo para todo el mundo.
No hay momento para el aburrimiento en el Museo Dalí. Cuadros tridimensionales, joyas surrealistas, esculturas fantasmagóricas, techos que dejan ver universos nocturnos y mágico, habitaciones amuebladas que forman caras femeninas, y un fantástico coche de la década de los 40 que le fue regalado a Dalí por una famosa personalidad de Estados Unidos.
El recorrido daliniano por la Costa Brava tiene un parada obligada en Púbol donde el Divino pintor regaló a su mujer un castillo medieval, que durante los años 70 fue la residencia de la esposa del pintor y a principio de los 80 la suya propia. Como dato curioso, Dalí, cuando le regaló a Gala este castillo, le prometió que no entraría en él, a no ser que contase con el permiso previo de su esposa. En este castillo no encontramos el desorden surrealista de Dalí, pero si que podemos admirar las pinturas y dibujos que Dalí regaló a Gala, además de las famosas esculturas de elefante que decoran el jardín, una colección de trajes de alta costura de Gala, el mobiliario y los numerosos objetos con los que ellos lo decoraron.
Y dejamos para el final, la joya de la corona, ni más ni menos, que la mismísima casa en la que vivió Salvador Dalí con su mujer. Esta casa se encuentra en Cadaqués, para ser más concretos en Port Lligat, en una pequeña cala repleta de pequeños barcos, entre los que se encuentra, por cierto, la barca en la que navegaban Dalí y Gala.
La casa, de un color blanco muy limpio, fue una antigua casa de pescadores que Dalí compró y fue construyendo a su medida a lo largo de los años.
Nada más entrar por la puerta principal nos recibe un enorme oso polar disecado que porta unos collares que Dalí le colocó y que servía como perchero para los invitados. La casa se divide en varios aposentos entre los que podemos destacar la habitación de matrimonio de Dalí y Gala en la cual a través de un sencillo juego de espejos recibía el primer rayo solar del día.
También nos encontramos con el taller en el que Dalí pintaba sus obras y en el que aún perduran las pinturas e incluso algunos cuadros inacabados.
Otro de los lugares emblemáticos de la Casa Dalí es el tejado/azotea adornado con los enormes huevos que tanto obsesionaban al pintor y por una creación escultórica de un tamaño tan grande que solo puede contemplarse desde el punto más alto de la casa. Es un gigante tumbado en el suelo, entre los olivos del jardín hecho con basura, neumáticos y restos de barcas destrozadas.
Un viaje de los más recomendables, un viaje mágico, surrealista y de un gran interés cultural que no dejará indiferente a nadie: La Costa Brava Surrealista, un viaje daliniano.
1 comentarios:
victor... es elogiable tu entusiasmo y el que edites este blog con el recuerdo de las experiencias viajeras de tus padres. Se nota lo orgulloso que estás de ellos. Enhorabuena por ser un excelente hijo.
Con las fotos iniciales a cada reportaje es fantántico y le pones el aperitivo para que entren ganas de comer y leerte el resto del texto.
Sigue así.
un abrazo muy fuerte de tu tío Chema.
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